¡Oh, pacíficos
sotos de castaños y amarillas retamas
de cegadora luz, cuando
florecen esparciendo aromas
al viento, que lleváis a mi
memoria los sueños queridos
de mis amores jóvenes y
mágicas pasiones bellas...!
Cuando vuelvo
atrás la mirada, veo las montañas y laderas
que dieron vida a mis sueños
jóvenes a orillas del Xares,
en veranos felices, bañándome
en sus limpias aguas.
¡Oh, luminosos sueños de mis
sueños primeros, ya lejanos,
recorriendo grutas y senderos
verdes de alfombras hierbas,
donde crecían flores y
tréboles que aromaban mis sentidos;
¡Volved otra vez! que el sol
todavía se asoma al amanecer,
y la tierra sigue girando
sobre su eje...
Cuando alzo mis
ojos sobre las ensortijadas hojas
de la hiedra que se abraza a
los castaños por donde el sol se filtra
aún veo las cumbres en donde
la nieve engendraba arroyos
y alimentaba el río, en tanto
el viento se deshacía en música,
mientras en los castaños
brotaban áureas cabelleras
de flores amarillas, que
peinaba la brisa de la tarde;
y aún escucho el susurro de
los robles que acaricia el viento
en la cima del monte, allí
donde pastan los ganados
y la nieve descansa en el
invierno en un apacible sueño...
Veo las mismas
cumbres que dora el sol del atardecer
cuando regresaban los ganados
al toque de oración;
y veo las laderas donde
crecían tomillos y cantuesos,
que esparcían su aroma al
viento filtrándose entre las nubes
purpúreas de la tarde, al
ponerse el sol en el ocaso;
y al verlas, todavía siento
la nostalgia del tiempo,
cuando subía al monte
escalando paso a paso entre brumas.
A orillas
del Xares, hijo del Sil, vi crecer los alisos
gigantes, elevándose sobre
los castaños centenarios,
en donde los molinos
trituraban los granos de centeno
cultivado en las laderas,
junto a las cantuesos y tomillos...
Y me pregunto: ¡Dónde está
aquel río que desapareció
del cauce hoy totalmente seco
y no se escuchan sus murmullos?
¿Qué fue del agua donde se
bañaban las ninfas de los bosques,
en las cálidas tardes de
verano, cuando calentaba el sol?
¡Salve!
cumbres y montañas que al Xares permitisteis paso
desde las puras fuentes de
Trevinca hasta los valles del Sil
en Valdeorras; ¡Salve!
También vosotros sufristeis
el escarnio y el expolio de
los trozos de poesía
que musicaban los jilgueros,
el zorzal y los ruiseñores...
La
historia se repite; antes fueron poderos Romanos
abriendo canales para lavar
las áureas arenas,
y hoy, son centrales
eléctricas de fuerza energética.
De aquel río ya no queda
nada, está seco su cauce,
solamente el recuerdo de que
por allí pasó una vez un río
que todavía buscan mis ojos
entre las calladas sombras
de los verdes alisos que
invadieron sus grutas y su cauce.
¿Dónde estás río
Xares de aguas limpias de los neveros gélidos
en donde se bañaban las
náyades, cerca de tus cascadas,
jugando con la espuma que
formaban al caer las aguas?
Ya no eres río, ya no eres
nada, sólo el recuerdo mudo
de un pasado feliz
irrepetibles, de una ilusión perdida.
De ti, hicieron una tumba
ciega para ocultar las lágrimas
de los poetas, que de tanto
llorar, se les fugo el alma...